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Difamación, calumnia e injuria en la lucha política

EDITORIAL

Difamación, calumnia e injuria en la lucha política

La decisión del Vicepresidente de iniciar un proceso judicial contra el gobernador de Santa Cruz, a quien acusa de desacato, ha dado un nuevo giro a la pugna que desde hace ya más de cuatro años sostienen el Gobierno central y la oposición cívica y regional de Santa Cruz.
El asunto, tras el aspecto de un caso estrictamente jurídico, tiene una enorme carga política. Tanto, que puede dar al Gobierno un triunfo sobre sus principales adversarios de Santa Cruz aun mayor que el que esperaba cuando inició la más reciente ofensiva tras las elecciones de abril.
En lo que corresponde a lo jurídico, la figura es bastante clara. En Bolivia, como en gran parte del mundo, existen las normas necesarias para proteger a las personas de la difamación, la injuria y la calumnia. Y a ellas, cuando se trata de una autoridad en ejercicio de sus funciones, se suma la figura del desacato.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, la difamación consiste en: “Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama”. Calumnia, una “acusación falsa, hecha maliciosamente para causar daño” y también la “imputación de un delito hecha a sabiendas de su falsedad”. La injuria, finalmente, es un “delito o falta consistente en la imputación a alguien de un hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación”.
Como se puede ver a la luz de tales definiciones, “difamación”, “calumnia” e “injuria” son términos que muy bien se adaptan a la lucha política cotidiana de nuestro país. Basta oír o leer con atención casi todos los discursos presidenciales y de buena parte de los ministros que forman su equipo de colaboradores para hallar abundantes ejemplos de esas tres figuras delictivas.
La sistemática campaña comunicacional dirigida a desacreditar a los indígenas que marchan hacia La Paz es un buen ejemplo. Y ni qué decir de las acusaciones hechas contra sus principales dirigentes, a los que de manera reiterativa acusan de actuar motivados por enormes cantidades de dólares que habrían puesto a su disposición organismos extranjeros a cambio de que traicionen al “proceso de cambio y a la patria”.
Similar es el caso de la andanada de acusaciones contra el Movimiento Sin Miedo y sus principales líderes que se desencadenó en cuanto el MAS decidió romper su alianza. Los acusó de tantos y tan graves delitos, sin nunca mostrar una prueba, que algún portavoz del oficialismo llegó a afirmar que el lugar que al jefe del MSM le esperaba era una celda vecina a la de Luis García Meza.
Paradójicamente, quienes con tanta habilidad han utilizado tan innobles armas verbales hoy encuentran en ellas una formidable oportunidad para dar fin con uno de sus principales adversarios. Es que las desatinadas declaraciones hechas por el gobernador de Santa Cruz sin haber previsto las consecuencias han dado a los estrategas del oficialismo y sus batallones de abogados una excelente oportunidad para asumir el papel de víctimas.
Así, estamos asistiendo a una extraordinaria muestra de habilidad para sacarle máximo provecho a la difamación, la injuria y la calumnia, utilizándolas como armas de ataque, en unos casos, y de defensa, en otros.

Estamos asistiendo a una extraordinaria muestra de habilidad para sacarle máximo provecho a la difamación, la injuria y la calumnia