jueves, 19 de julio de 2012

  Colaboradores


Alejandro González
Jhonny Peñaranda
Benjamín Chávez
Carlos Gutiérrez
Claudio Ferrufino
Ricardo Bajo
Homero Carvalho
Miguel Aillón V.
Giovanna Rivero
Víctor Montoya
Alonso Arreola
Gary Daher C.
Ramón Rocha
Oscar García
Alberto Chimal
Virginia Ayllón
Christopher André
Liliana Carrillo
Edmundo Paz Soldán
Rogelio Guedea
Rodrigo Hasbún
Juan Pedro Debreczeni
Daniela Peterito S.
Skarleth Mujic



    Portada:
Póster de la nueva película de Batman
   
Diseñada a principios de los años 30, el objetivo del hoodie era proteger de las inclemencias del tiempo a atletas, estudiantes y obreros.

ARTÍCULOS

Encapuchados. Dime qué vistes y te diré lo peligroso que eres

En la jerga americana, un hoodie (canguro) –además de ser una sudadera con capucha–, significa ser un “gamberro” o un “vándalo”. Que una cómoda y útil prenda de algodón, vestida por millones cada día, haya pasado a tener una concepción negativa, diccionario de por medio, no es casualidad. Cuando en 2007 los banlieues de los suburbios parisinos ardían, los instigadores se escondían bajo la capucha. Cuando Londres vivió unas jornadas críticas de saqueos y violencia el verano pasado, los hoodies se erigieron como uniforme indispensable para participar en los riots. Cuando el adolescente de 17 años, Trayvon Martin, fue tiroteado y asesinado en febrero por un vigilante de barrio en Flori-da (EEUU), lo que llevaba puesto, y condicionó su muerte, fue la capucha. Aunque Trayvon iba desarmado y volvía de comprar golosinas, el vigilante, Georges Zimmerman, consideró que su acti-tud era sospechosa por llevar el hoodie puesto. El hombre se aco-gió a la ley Stand your ground (Defiende tu territorio) –que permi-te el “uso justificable de la fuerza” en defensa propia– para evitar, en un principio, pisar la cárcel. La polémica no había hecho más que empezar...

CONVERSACIONES DEBAJO LOS GOMEROS

Miriam Bohorquez de Arce: “La voz de los sin voz”

“¿Veo, veo ... qué es?” y el mago responde: “ veo a una hermosa señora, mirando al atardecer de esta ciudad; escudriñando entre la multitud de árboles añejos la sombra fugitiva de una identidad cultural” “¿Veo, veo ... qué es?”y el mago, sonriendo le dice: “veo a un hada encantadora que con la mejor voz del mundo, ha encantado a la sombra fugaz, sometiéndola a su destino; dándole perennidad de luz” Y claro, si el mago Veo – Veo, por un instante retomara vuelo y volviese a esos setentas dichosos, el recuerdo se convertiría en una dupla maravillosa: Miriam Bohorquez y Santiago Martínez; el mago Veo – Veo, que fatal, junto a ella todas las tardes confabulaba en eso de dar rienda suelta a la imaginación y crear así, en un tris, cuentos e historias que simplemente atraparon a muchas generaciones de chicos y más grandes en la red almibarada de la radio: la Loyola...

Batman y la insoportable densidad de los tiempos

II. Cuando el británico recogió el testigo dejado por Burton de la franquicia de Batman era imposible imaginar que ese movimiento no mer-maría su libertad, sino que la propulsaría hacia nuevas y mucho más amplias audiencias. El tono grave, la solemnidad de su discurso se ajustó como un guante no solo al héroe proscrito de Gotham, sino a la insoportable densidad de los tiempos. Después de haber mostrado en Batman Begins que otro renacimiento -más humano, más lúgubre- era posible para Bruce Wayne, en la segunda parte, El caballero oscuro, se coló el aroma pútrido de nuestra era, la desquiciante sensación de que en cualquier momento el barco explotará por los aires, que los locos y corruptos llevarán el timón y los héroes estarán condenados al exilio y el anonimato. La fuerza cinemática, además, era incontestable...

GABRIEL SALINAS:

“Hay escasa cultura del consumo artístico”

Ante la posibilidad de una próxima exhibición de la Galería Altamira en Sucre, con algunas de las obras de artistas contemporáneos más celebrados de Bolivia, Puño y Letra conversa con alguien que piensa el desarrollo de la estética en el país desde nuestra ciudad, Gabriel Salinas. A continuación se aborda la relación entre el arte y el mercado. ..

ENTREVISTA

Ningún hombre es una isla

Roberto Fernández Retamar cuenta que la poesía se le reveló desde muy chico a través de unos versos nihilistas de otro cubano, Julián del Casal. “Con los años, me di cuenta por qué se me habían revelado esos versos: del dolor, se puede construir belleza”, reflexiona. Es curioso, porque su poesía, sencilla, tierna, es pura esperanza...

CONTRATAPA

'In memoriam', Frida

Cuando en 1904 un judío húngaro, fotógrafo de profesión, compró la casa de la calle de Londres con Allende, en Coyoacán, difícilmente podía imaginar que sería el escenario de algunos grandes momentos del pensamiento. En la casa Azul que adquirió Guillermo Kahlo, y donde nació su hija Frida tres años más tarde, André Breton recibiría, de manos de León Trotski, uno de sus Manifiestos críticos. Y en esa misma casa hablarían largamente de la idea, nunca cuajada, de crear una federación internacional de artistas revolucionarios en contra de las organizaciones estalinistas. También sería el escenario de la tumultuosa relación entre Frida y Diego Rivera, y los amores secretos de Frida con Trotski encontrarían en los muros de adobe, con vigas de madera, antaño propiedad de los carmelitas, un aliado silencioso. Por ella pasarían la gran María Félix, el fotógrafo Fritz Henle (cuya única foto de Frida pintando aún estremece), y en ella se oiría, entre los exvotos, los juguetes de feria, las muertes de yeso y de alambre, los sarapes, los huaraches, las matracas y las piñatas, las figuras prehispanas y las múltiples máscaras que adornan sus repisas, la voz cortada de tequila de ese dios del bolero que es Chavela Vargas. Fue en la casa Azul donde Frida vivió algunos de sus más terribles crisis de dolor y en su piso superior, un día de julio, a la edad de 47 años, murió lanzando su grito retador: "¡Viva la vida!". De ello hace 50 años. Una pequeña urna con sus cenizas, una máscara mortuoria y su cama de siempre, con espejos en el cielo, resumen la estancia donde respiró sus últimos anhelos. Aún hoy me estremezco al recordar el día en que visité la estancia...